Era domingo. En la cancha de mi barrio, mi equipo iba perdiendo con un resultado de 1-0 y solo quedaban 5 minutos restantes de partido. El calor, los gritos de la gente y los nervios estaban full.
Jugamos con todo. Corrimos, peleamos cada balon y no nos rendimos. En el minuto 89, mi compañero Luis Centró desde la derecha y yo, sin pensarlo, remate de cabeza. GOOOOOOOOLL!!. La barra exploto. Empatamos 1-1 y todos corrimos como si hubieramos ganado la final.
Ese partido me enseño que hasta el ultimo segundo se puede luchar, salí cansado, sucio y feliz. Porque en el fútbol, como en la vida, no se puede perder hasta que pite el arbitro.
